Me gustaría empezar con un cuento de hadas: Había una vez, un tratado de libre comercio… Y colorín, colorado este cuento se ha acabado y todos vivieron felices para siempre.
Como la mayoría de los cuentos de hadas, este cuento transmite un mensaje, junto con palabras de sabiduría y cautela. Pero también exagera y simplifica el mensaje para establecer su punto de vista.
Que no quepa la menor duda: ¡el libre comercio es importante! Estoy convencido de que, además de crear riqueza y mejorar el nivel de vida, el libre comercio ayuda a promover la paz, la seguridad, la democracia, los derechos humanos y el buen gobierno. APEDE y la OEA entienden esto. Quisiera agradecerles por organizar el importante foro de hoy y por haberme invitado a participar.
Pero, seamos claros:
Los tratados de libre comercio no son un fin en sí mismos. Son sólo el comienzo. Las negociaciones de los tratados de libre comercio son difíciles. Pero el trabajo verdaderamente difícil sólo comienza después que se firman los tratados.
Sin los cambios fundamentales en nuestras economías para eliminar el proteccionismo, el amiguismo, y re-asignar los empleos y el capital hacia sectores más productivos que son competitivos en el mercado global, los tratados de libre comercio sólo son bonitos pedazos de papel. Un cuento de hadas. Palabras majestuosas e idealistas sin fundamento.
Hoy me gustaría intentar separar los hechos de la ficción en cuanto a los tratados de libre comercio, exponiendo, en mi opinión, lo que hará un tratado de libre comercio y lo que no hará.
Basado en experiencias anteriores con otros tratados de libre comercio, un tratado debe:
• Aumentar el comercio
• Crear empleos
• Reducir la pobreza y elevar el nivel de vida
• Aumentar la inversión
Tomemos cada uno de estos puntos, uno por uno.
Aumentar el comercio
Veamos el ejemplo del NAFTA, el Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Después de su entrada en vigencia en 1994,
• El comercio total entre los países del NAFTA se duplicaron mucho más, en menos de una década.
• Un tercio del comercio de hoy entre México y los Estados Unidos es en productos que no se comercializaban – o ni siquiera existían – antes del NAFTA.
• Las exportaciones mexicanas a Canadá y a los Estados Unidos se cuadruplicaron, crecieron un 227% y 224 % respectivamente.
• La producción de las granjas mexicanas aumentó en un 50 por ciento durante los primeros siete años del NAFTA.
De igual manera, las exportaciones de Chile a los Estados Unidos crecieron en un 28% durante el primer año después de que nuestro TLC bilateral entró en vigencia el 1 de enero de 2004, mientras que las exportaciones de Estados Unidos a Chile crecieron aproximadamente un tercio por encima de nuestro nivel en el 2003.
El año pasado, nuestro comercio de doble vía creció a un ritmo similar hasta noviembre de 2005.
Ahora mismo, Panamá exporta bienes con un valor de más de $300 millones de dólares a los Estados Unidos cada año, más del 42 por ciento son productos agrícolas.
Aproximadamente el 90 por ciento de estos bienes entran a los Estados Unidos con cero arancel debido al trato preferencial que Panamá recibe según la Iniciativa de la Cuenca del Caribe. Se prevé que esta iniciativa expirará en el 2008 y hay pocas posibilidades de que sea renovada.
Si Panamá no concluye un TLC con los Estados Unidos, los aranceles que se aplican a los productos agrícolas realmente arruinarían su competitividad en los Estados Unidos.
Sólo pregúntenle a los productores panameños de piñas, melones, sandías, pescados y mariscos y muchos otros productos sobre cuánto dependen del acceso libre de impuestos hacia el mercado estadounidense. Ellos necesitan que nosotros concluyamos un TLC para que puedan mantenerse a la par de sus competidores.
Crear Empleos Nuevos y Mejor Pagados
En términos sencillos, un TLC aumentará el empleo neto en Panamá.
Con un desempleo estimado del 9% de la fuerza laboral y un subempleo de aproximadamente del 20 al 25 % en Panamá, la inversión es clave para que Panamá tenga la habilidad de hacer crecer su economía a través del comercio orientado hacia las exportaciones. El mercado nacional de Panamá no es lo suficientemente grande para estimular un crecimiento sustancial del empleo. Consideren lo que ocurrió con el NAFTA:
• La mitad de los 3.5 millones de empleos nuevos creados en México entre 1995 y 2000 fueron el resultado del NAFTA y el crecimiento de la exportación.
• Uno de cada cinco empleos en México está dirigido hacia la exportación.
• Los salarios de las industrias relacionadas a la exportación en ese país fueron aproximadamente un 37 % más altos que en actividades no relacionadas a la exportación.
Además de los empleos, el libre comercio también puede crear nuevas oportunidades para aquellos que pueden estar marginados en el mercado hoy día, en Panamá. Recientemente tuve una conversación con un joven inteligente y elocuente quien vive en condiciones difíciles en Las Cumbres. Vive con su madre soltera y una hermana divorciada y sus 3 pequeños niños. Con 24 años, mantiene a su familia, trabajando y tratando de obtener un título universitario al mismo tiempo. En el trabajo, es un empleado muy estimado y sus supervisores le solicitan que capacite y asesore a los nuevos empleados. Un día, leyendo el boletín informativo de la compañía se entera de que el último integrante que él había capacitado era ahora el director de la compañía. Mi joven amigo dijo, “Un tratado de libre comercio es importante para mí porque quiero mejorar mis posibilidades para el futuro.”
En un mercado más competitivo, el talento, el libre comercio y la inversión extranjera abrirán puertas y levantarán barreras.
Reducir la Pobreza y Elevar el Nivel de Vida
Cuando debatimos sobre los “ganadores y perdedores” en los acuerdos comerciales, lamentablemente el enfoque se da por lo general sobre algunos pocos productores, y no en la gran mayoría de los consumidores.
De hecho, los aranceles y las barreras no arancelarias del comercio son tributos impuestos sobre los consumidores para subsidiar a productores no competitivos, “protegiéndolos” de la competencia. Eso quiere decir que ustedes y yo, como consumidores, tenemos menos opciones en el mercado.
Pagamos más por ciertos productos, incluyendo los productos básicos. Las ganancias van a un puñado de empresas favorecidas y no productivas.
Los mercados protegidos ayudan a los productores, pero no ayudan a los consumidores. Les cuesta caro a los consumidores, especialmente al 40% que vive en la pobreza.
Una proyección reciente describe que al abrir el mercado de arroz solamente, los consumidores panameños pueden ahorrar $179 millones al año. Para las familias que viven con menos de $2 al día, eso sería un beneficio importante.
Apenas ayer en una reunión de la Asociación de Consumidores Libres, un analista panameño particular comparó los precios que los panameños y los estadounidenses pagan por los alimentos básicos. Por ejemplo, él informó que el precio de las papas en Panamá es cuatro veces más que lo que se paga en Estados Unidos.
Las cebollas cuestan un 169% más. El precio de la leche aquí es casi el doble del precio estadounidense. La lista continúa. ¡Él concluyó que al quitar los aranceles de dichos productos el costo de artículos relacionados con los alimentos en la canasta básica para los panameños se podría reducir en hasta un 50%!
Ya hemos visto este tipo de resultado en los Estados Unidos. Nuestros tratados de libre comercio les han dado a los consumidores más opciones de productos a mejores precios, elevando con efectividad el nivel de vida de la familia estadounidense promedio de 4 personas en $2000 al año.
Aumentar la inversión
Hay una cantidad fija de dinero disponible en el mundo para la inversión. Hay una competencia intensa entre todos los países del mundo para atraer esa inversión para fomentar el crecimiento, los empleos y la prosperidad. Al igual que en la bolsa de valores, no mucha gente (o países) quieren comprar acciones malas. Ellos quieren comprar acciones que les dé un alto rendimiento a su inversión.
La inversión extranjera es lo mismo. Mientras más atractivo es el clima de inversiones en un país, es más probable que los inversionistas inviertan en ese país.
Los tratados de libre comercio proporcionan reglas y procedimientos claros que establecerán un campo de juego parejo para los inversionistas.
Tienen reglas claras y predecibles sobre cómo los inversionistas pueden ingresar al mercado. Proporcionan mecanismos para resolver disputas de inversiones de una manera libre, justa y transparente.
El NAFTA, por ejemplo, tuvo en cuenta la liberalización del sector de servicios, la protección de inversión, la transparencia y el acceso de mercado en las compras del gobierno, la protección de la propiedad intelectual y las reglas contra la conducta anti-competitiva.
Todo esto fortalece el imperio de la ley, la previsibilidad y la aplicación imparcial de la ley en toda la economía, y crea un ambiente más favorable para la inversión, innovación, y diversificación económica.
El ambiente mejorado para la inversión estadounidense también beneficiará a empresas panameñas porque se beneficiarán del mismo sistema basado en las reglas.
El comercio puede ampliar oportunidades para las pequeñas empresas, en particular, el papel importante del fortalecimiento de la capacidad comercial para que los beneficios de un crecimiento impulsado por el comercio alcancen este importante sector de la economía.
Ahora bien, hablemos sobre lo que NO es un tratado de libre comercio.
(1) Algunos dicen que Estados Unidos quiere un TLC porque queremos acceso especial o preferencial a los contratos relacionados con la posible ampliación del Canal. Esto simplemente NO es cierto. Si ven los otros TLCs que hemos firmado, verán también capítulos sobre compras gubernamentales.
Esto sencillamente garantiza que las compañías estadounidenses puedan competir en la mayoría de los contratos gubernamentales en IGUALDAD de condiciones con las otras empresas – excepto en aquellos que tratan asuntos sensibles como la defensa nacional. A esto se le llama “trato nacional”. Es común en casi todos los TLC y ciertamente nada inusual.
(2) Otra acusación es que Estados Unidos quiere debilitar las regulaciones sanitarias de Panamá que los protege de enfermedades en los alimentos o de plagas que entran con ellos. Eso es ridículo.
Estados Unidos es el socio de Panamá en la organización binacional, COPEG, que protege a Panamá de enfermedades de los animales. A través de COPEG, hemos cooperado en la lucha contra el flagelo del gusano barrenador, que afecta al ganado, y hemos evitado la entrada de la muy dañina enfermedad de la fiebre aftosa. Estados Unidos invierte casi $10 millones al año en este esfuerzo.
Actualmente estamos terminando la construcción de una nueva planta que producirá moscas esterilizadas aquí en Panamá. La construcción de la planta cuesta $40 millones, empleará a cientos de personas y será mantenida mediante una inversión anual de $7 a $10 millones.
Lo que Estados Unidos ha solicitado en las negociaciones es sencillo: Solicitamos que el gobierno de Panamá envíe sus expertos y científicos a los Estados Unidos para observar todo nuestro sistema; nos gustaría enviar nuestros expertos a Panamá para hacer lo mismo aquí. Nos enorgullece nuestro sistema, que está diseñado para proteger a los consumidores estadounidenses de enfermedades y plagas. Consideramos que es bastante bueno.
Si los inspectores panameños están satisfechos con nuestro sistema, entonces ellos podrían certificar que la aprobación por parte del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos es algo en que los consumidores panameños pueden confiar.
De igual manera, si nuestros expertos están satisfechos de que el sistema panameño es igualmente confiable y efectivo, estaríamos de acuerdo en que las certificaciones panameñas son algo en que los consumidores estadounidenses pueden confiar.
Esto abrirá el camino para un flujo más fácil de alimentos y productos agrícolas en ambos países.
Los consumidores panameños comerán alimentos de la misma calidad que la de los consumidores estadounidenses. Me parece que es un muy buen acuerdo. Ahora mismo, 55 países del mundo aceptan este sistema de “equivalencia” y es obvio que sus gobiernos y consumidores también se preocupan por su salud.
(3) Un TLC no es una panacea. No cura todos los retos económicos del país. De hecho, un TLC no hace mucho a menos que los gobiernos, negocios y sociedades cambien para que puedan aprovechar las posibilidades que ofrece el libre comercio.
Para mantener y desarrollar una verdadera competitividad global, una nación debe invertir en su pueblo. Esto significa la capacitación y educación de clase mundial en todos los niveles. Panamá no puede alcanzar su verdadero potencial en un mercado global si sus niños en cada esquina del país no reciben el nivel y la calidad de educación que sus competidores globales proporcionan a sus ciudadanos.
Esto requiere inversión y compromiso del gobierno y del pueblo panameño. Asimismo, los panameños deben cumplir la promesa del libre comercio, promoviendo y proporcionando el re-entrenamiento para aquellos, cuyas industrias posiblemente se debilitarán debido a las ineficiencias y falta de competitividad en el mercado mundial.
El libre comercio rompe el statu quo.
El pensamiento comercial estratégico y la capacitación agresiva de nuevas habilidades en el personal de trabajo son las rutas de supervivencia en la selva comercial global.
Para seguir siendo competitivos en esta economía globalizada, los países ya no pueden darse el lujo de utilizar aranceles, subsidios y otros favores gubernamentales para proteger sectores privilegiados de la competencia comercial nacional y extranjera.
Dichos favores le cuestan caro a la mayoría de los consumidores, incitan la corrupción y distorsionan el mercado. El mantener un “club de exclusivos” para unos cuantos poderosos y con buenas conexiones suprime la competencia, la creatividad, el espíritu empresarial, la pequeña empresa y una verdadera reforma económica. No es la manera para competir eficazmente, ni para obtener más riqueza ampliamente compartida.
En su nivel más básico, un tratado de libre comercio es una asociación. Es una asociación entre naciones, pero también entre naciones y sus propios ciudadanos.
Gracias por haberme invitado a participar esta tarde. Yo creo en el libre comercio. También creo en la bondad y la sabiduría del pueblo panameño.
Estados Unidos continúa con su compromiso de concluir este tratado de libre comercio tan pronto como sea posible. Esperamos con interés aplicarlo pronto para que los ciudadanos de ambas naciones puedan cosechar sus frutos.
Muchas gracias.